Los Jinetes de Hierro: Crónica de la Evolución Motorizada de la PFA

​La historia del motociclismo táctico en la Policía Federal no se escribió en despachos, sino sobre el asfalto caliente, entre el olor a aceite de motor y el desafío constante al equilibrio. Es una historia de hombres que entendieron que, en una ciudad que asfixia, la velocidad y la destreza son las únicas leyes que permiten llegar a tiempo.

​El Origen: El CAPE y el Barro de La Noria

​Todo comenzó con el CAPE (Cuerpo de Agentes de Parada y Exteriores). En aquellos años, la base operativa se encontraba en Puente La Noria, a orillas del Riachuelo. Era un enclave estratégico pero brutalmente expuesto. Los agentes operaban en una zona que, por su geografía de accesos difíciles y cercanía al río, era extremadamente vulnerable al accionar subversivo y a las emboscadas.

​Allí, bajo la mirada de oficiales como Gastón Fernández, Dibd y el legendario Jorge “Karateka” González, se empezó a gestar una necesidad: dejar de ser blancos estáticos para convertirse en unidades fluidas. Junto a ellos, suboficiales de la vieja escuela como Adrián Paglieri sostenían la estructura, aportando esa sabiduría que solo dan los años de calle.

​El Traslado a Mataderos: El Refugio de Larrazábal

​La vulnerabilidad de La Noria obligó a un movimiento maestro. La unidad se trasladó a un antiguo corralón de materiales en la calle Larrazábal, en el corazón de Mataderos. Aquel lugar, discreto y cerrado, se convirtió en el laboratorio del GUM (Grupo Urbano Motorizado).

​Desde Larrazábal, la mística cambió. Ya no estaban acorralados por el río; ahora tenían salida directa a las arterias vitales de la ciudad. Fue en ese «corralón» donde se pulió la técnica de los binomios tácticos. Era común ver salir las columnas de motos, con el operador trasero portando armamento largo, cruzando el barrio de los frigoríficos para intervenir en cualquier punto crítico de la Capital.

​La Leyenda del «Pato» Iannini: El Maestro del Equilibrio

​Si el GUM fue el cuerpo, el «Pato» Iannini fue el alma técnica. Instructor de instructores, Iannini no solo enseñaba a conducir; él moldeaba operadores tácticos. Su nombre es sinónimo de perfección en la Escuela de Especialidades.

​Iannini era un purista. Para él, el equilibrio dinámico era una filosofía de vida. Sus entrenamientos eran célebres por su rigor.

El Control Total: Obligaba a los alumnos a realizar maniobras en espacios tan reducidos que parecía físicamente imposible que las pesadas motos de la PFA no cayeran.

La Disciplina del Motor: Bajo su mando, la moto era un templo. No se toleraba un tornillo flojo ni una gota de suciedad.

​El Legado: Se estima que Iannini entrenó a cientos de efectivos, transmitiendo una doctrina que hoy sobrevive en cada escolta presidencial y en cada despliegue del GOMF. Su influencia fue tal que incluso figuras como el «Karateka» González —un experto en combate— respetaban la autoridad técnica de Iannini como la palabra final sobre las dos ruedas.

​De la Resistencia a la Modernidad: GOM y GOMF

​Con el paso del tiempo, el GUM evolucionó al GOM (Grupo de Operaciones Motorizadas). Aquí, la profesionalización fue total. Se incorporaron nuevas tecnologías y tácticas de «saturación», donde la moto ya no era solo transporte, sino una herramienta de disuasión inmediata.

​Esa evolución culminó en el actual GOMF (Grupo de Operaciones Motorizadas Federales). Hoy, cuando vemos a los binomios desplazarse con precisión milimétrica por las avenidas, estamos viendo el ADN de aquellos hombres de Larrazábal. Estamos viendo la disciplina de Iannini, la firmeza de González y Fernández, la operatividad de Miadziolko y la experiencia de suboficiales como Paglieri.

​Conclusión

​La historia del motociclismo en la PFA es la historia de una adaptación necesaria. De la precariedad de Puente La Noria a la especialización táctica moderna, estos hombres demostraron que el coraje no sirve de nada sin entrenamiento, y que el entrenamiento alcanza su cumbre cuando se tiene a maestros como el Pato Iannini guiando el camino.

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