Royal Enfield y NA: La Alianza de Hierro en los 400 Kilómetros de Gonzalo Fernández

​Para Gonzalo, la semana no termina tras los expedientes de su despacho en el Juzgado. Su verdadera semana comienza cuando siente el ajuste firme de la mentonera y la nuquera de su NA. Es en ese instante cuando el hombre de leyes, y también periodista, da paso al motoviajero, al padre y esposo que, cada fin de semana durante el verano, emprende un peregrinaje de afecto y fierros hacia el campo en General Pinto, Provincia de Buenos Aires.

El Salto a la Bicilíndrica: Evolución en la Ruta

​Gonzalo no es un recién llegado a la emblemática marca inglesa. Esta es su segunda Royal Enfield. Atrás quedó la fiel 500 cc monocilíndrica, que con su «thump» característico le enseñó algunos secretos del camino. Hoy, su compañera es una 650 cc bicilíndrica, una máquina que hereda esa robustez británica y que hoy, fabricada con precisión en India, es la elegida por aventureros para travesías en los terrenos más complicados del planeta.

​»Hago 400 kilómetros para ir a ver a mi mujer y a mis hijas que están en el campo», afirma Gonzalo con la claridad de quien conoce cada metro del asfalto. «El viaje tarda 5 horas y lo disfruto en cada momento». Son jornadas de larga distancia donde la moto y el equipamiento se funden en una sola pieza frente a la inmensidad de la pampa bonaerense.

​El Desafío del Clima: «Ni una gota de agua»

​En un viaje de cinco horas, el clima suele ser un factor impredecible. Gonzalo relata su experiencia enfrentando tormentas en la ruta, un momento donde la calidad técnica del casco marca la diferencia entre un viaje seguro y uno peligroso. Al preguntarle sobre el comportamiento del casco bajo la lluvia, su respuesta es tajante y precisa:

​— «Me ha tocado viajar con lluvia y el casco se porta de diez. No te entra ni una gota de agua, la visibilidad es perfecta y no se empaña nada. Vas seco y tranquilo, que es lo que necesitás cuando el tiempo se pone feo en la ruta», asegura Gonzalo.

​Esta estanqueidad no es casual. Es el resultado de la filosofía de «Falla 0» de Cristian Valls. Esa mentalidad se forjó en la exigencia extrema, recordando aquel momento en el que Cristian saltaba en paracaídas desde uno de los primeros IA 35 Huanquero en 1957, un bimotor de trepada rápida que exigía una salida técnica y precisa. Esa misma rigurosidad aeronáutica es la que hoy protege a Gonzalo en el suelo.

​La Seguridad de lo Original

​Para un abogado que valora la evidencia, la protección de su vida no se delega en imitaciones. Gonzalo recorre esos 800 kilómetros semanales con la tranquilidad de llevar 70 años de desarrollo técnico en su cabeza (trayectoria que Cristian celebra este 2026): «Viajo con el NA porque me da seguridad», explica, destacando que el confort y la hermeticidad son pilares de un diseño profesional.

​Mientras en el mercado aparece algún pobre imitador, que intenta capitalizar migajas de la experiencia ajena sin tener la capacidad técnica ni los procesos de elaboración, legalmente protegidos del laboratorio de Valls, Gonzalo elige lo auténtico.

​Al ver pasar a este motoviajero por la ruta, el brillo de los cromados de la Interceptor y la silueta de su NA forman una estampa de otros tiempos con la seguridad de hoy. Porque al final del día, para quien entiende el valor de lo real, no hay nada más genuino que el camino, el reencuentro familiar en el campo y la certeza de que, bajo el sol o la lluvia, la vida es original.

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