Apareció un «Santo Grial»: Compraron por más de 6.000 dólares uno de los cascos elegidos por Fangio para proteger a sus pilotos en Nürburgring

​En el mundo del coleccionismo existen momentos que rozan lo místico. Recientemente, las puertas del laboratorio de investigación y desarrollo de NA Helmets (Cascos Nación Argentina), un centro especializado en protección craneal, se abrieron para recibir a un visitante cuya búsqueda no era sobre un producto nuevo, sino queriendo alcanzar una verdad histórica.

Este encuentro estuvo marcado por un protocolo de absoluta reserva; el coleccionista, quien adquirió el casco por una cifra superior a los 6.000 dólares, solicitó mantener su nombre el anonimato antes de su llegada. Su identidad solo fue revelada a los responsables del laboratorio al momento de darle la bienvenida, y se mantiene bajo estricto secreto profesional por pedido expreso del interesado.

​Lo que sí se ha permitido hacer trascender por el momento es el perfil de este entusiasta entendido en historias del automovilismo: Se trata del responsable de una gran empresa internacional, fabricante de motocicletas que también se comercializan en la República Argentina. Un hombre que, movido por la pasión técnica y el respeto a la marca de estos cascos argentinos, se presentó con una misión clara: Certificar la autenticidad de una pieza que podría reescribir parte de la historia de los accesorios de competición de nuestro país.

​El rastro de los 12 cascos de Fangio y el nexo industrial

​La historia nos remonta a 1969. Según los registros y la memoria viva de este laboratorio de investigación y desarrollo, fue el propio quíntuple Campeón Mundial Juan Manuel Fangio quien gestionó la compra de 12 cascos específicos para la delegación argentina que viajaría a Nürburgring. La operación se realizó a través de la empresa Autopista S.A., administrada por Armando Binaghi y sus socios Comaschi y Santa Cruz.

​Este grupo empresarial no era ajeno al Proyecto Torino; también eran administradores de Prensiplast, la empresa responsable de la manufactura de las piezas plásticas interiores del auto argentino, tales como tableros, volantes, interior de puertas y apoyabrazos. Esta red de colaboración industrial nacional fue la que garantizó que el Torino fuera un auto con identidad nacional de punta a punta, uniendo la seguridad del piloto con el confort del habitáculo.

​La recomendación de la mano derecha de Berta: Una vida por una idea

​Sin embargo, la decisión de Fangio de confiar en los NA helmets no fue azarosa. Detrás hubo una recomendación de un peso técnico inobjetable y una profunda gratitud personal. El Ingeniero Gustavo Adolfo Durán, quien formaba parte del riñón técnico de la Misión Argentina como miembro clave del equipo de Oreste Berta -el gran genio de la mecánica argentina-, fue quien le sugirió al «Chueco» la adquisición de estos cascos. Recordemos que el Ingeniero Durán fue quien solucionó los problemas del motor Tornado en alto régimen de vueltas, ya que se partían, y lo solucionó luego de varios ensayos mediante su experiencia y calidad profesional.

​La razón era poderosa y fáctica: Durán le debía la vida a un casco NA. Mientras trabajaba bajo las órdenes de Berta, el ingeniero se encontraba realizando pruebas de carretera críticas, buscando solucionar los persistentes problemas de rotura de cigüeñales que sufría el motor Tornado en los ensayos de alta exigencia antes de viajar a Alemania. Por lo que durante una de esas pruebas de máxima velocidad, un accidente puso a prueba su integridad física, y la tecnología de protección de este laboratorio especializado fue lo que le permitió salir ileso.

Con esa autoridad moral y técnica, habiendo sobrevivido gracias al producto NA helmets, Durán no dudó en decirle a Fangio que esos eran los cascos que debían proteger a los pilotos en el «Infierno Verde».

La confirmación del código sagrado: El HIN (Helmets Identification Number)

​En la visita al laboratorio de investigación y desarrollo de NA Helmet, el coleccionista buscaba confirmar un dato clave: el HIN (Helmets Identification Number), el número de identificación único que poseen los cascos NA. El empresario no solo recibió información, sino que fue testigo del «backstage» de la historia. Pudo observar las matrices originales que aún se conservan en el taller del laboratorio, preparadas para una próxima producción seriada de una Edición Limitada de los Cascos Modelo Nürburgring comprendiendo cómo se moldeaba la seguridad en aquella época dorada, con procesos artesanales que hoy parecen una coreografía de ingeniería y manos expertas en protección craneal.

​Tras cotejar los datos en el laboratorio, el veredicto fue emocionante: el HIN (Helmets Identification Number) que el coleccionista traía consigo coincidía exactamente con un lote de cascos vendidos por la empresa Autopista S.A. bajo el pedido de Fangio para la gesta alemana. La pieza en cuestión no era un casco común; era uno de los ejemplares que efectivamente cruzó el océano para la epopeya de las 84 horas, siendo este el estándar de los cascos de Clase Competencia que certificaba NA.

​El regreso del «Casco Blanco»: ¿La pieza de un héroe?

​Tiempo después de este encuentro, el coleccionista regresó al laboratorio con un objeto que paralizó los corazones de los presentes: un casco de color blanco, con la pátina del tiempo pero con las características exactas -diseño de formas y detalles constructivos- de los utilizados en Nürburgring.

​En el automovilismo, el blanco no es solo un color; fue el tono que dominó la visión de los pilotos de la Misión Argentina mientras trazaban las curvas de los bosques de Eifel. La aparición de esta pieza, validada por la trazabilidad del Programa Major de NA, el registro del HIN (Helmets Identification Number, exclusivo de este laboratorio) y las matrices originales del taller que confirmaron su origen, plantea una incógnita que hace vibrar a cualquier fanático de Torino: ¿A cuál de los nueve pilotos perteneció este casco? La historia ha vuelto a casa para reclamar su nombre y su lugar en el podio de la memoria nacional.

FOTO: El periodista Osvaldo Cabral, el piloto de la Torino 3 Cacho Franco, que llegó a la meta en esa carrera histórica, y Cristian Valls creador de NA helmets, con el casco que el ingeniero Durán le regaló en su momento en agradecimiento por salvar su vida. Valls y Durán fueron amigos por más de 50 años a partir de ese momento.

​Nota del autor: La permanencia de las matrices originales en el laboratorio de investigación y desarrollo de NA helmets no solo certifica la autenticidad de cada casco que se mantiene original, porque con el paso del tiempo adquieren mayor valor si se mantienen con cada uno de sus accesorios e incluso rayados o con roturas dado que son cascos de culto, sino que mantienen vivo el legado de una industria nacional que, de la mano de hombres como Durán, Berta y Fangio, demostró estar a la altura de las máximas exigencias del mundo desde aquellos tiempos, hoy en día y de cara al futuro de una producción que permanentemente se actualiza con materias primas de primerísimo nivel internacional.

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