El Vuelo del Artesano: De la Caída Libre al Laboratorio de la Perfección
Hay momentos en la historia de un hombre que no solo definen su destino, sino que trazan la línea de seguridad para miles de personas en las décadas venideras. Para Cristian Valls, ese momento ocurrió a miles de pies de altura, suspendido en el aire argentino, bajo el rugido de los motores IA-R19 El Indio.

I. El Bautismo en el «Huanquero»: El Aula de las Nubes
Corría el año 1957. La industria nacional argentina vivía un momento de esplendor técnico con la aparición del IA 35 Huanquero, un bimotor que era el orgullo de la Fábrica Militar de Aviones (FMA). Para el joven Cristian, este avión no era solo una máquina; era un instrumento de precisión.
Con apenas 19 años, pero con la mente ya moldeada por la disciplina del Colegio Jorge Newbery como Técnico Superior en Aeronáutica, Cristian comprendía que en el aire no hay margen para el error. El Huanquero, con su trepada rápida y potente, le permitía alcanzar altitudes que otros aviones no lograban, otorgándole el regalo más preciado para un paracaidista: tiempo. Tiempo para la caída libre, tiempo para sentir la resistencia del viento, y tiempo para observar la mecánica de lo absoluto.

Las crónicas de sus saltos describen una coreografía de riesgo y exactitud. Salir de a dos paracaidistas, por debajo y atrás del fuselaje, exigía un movimiento lateral preciso para no engancharse en el interruptor de «puerta abierta». Esa milimétrica atención al detalle —el saber que un centímetro a la izquierda o a la derecha marca la diferencia entre el éxito y el desastre— fue la semilla de lo que hoy conocemos como el Laboratorio NA.
II. 1959: El SMO y la Pedagogía del Riesgo
En 1959, durante su Servicio Militar Obligatorio (SMO), la vocación de Cristian se expandió hacia la enseñanza. Ya con su licencia de paracaidista en mano, se convirtió en el instructor de hombres que ponían su vida en sus palabras, como el 1er Teniente Alexis De Nogaetz y el Cabo Principal Contreras.

Fue en esta etapa donde la «dedicación al trabajo» dejó de ser un concepto para convertirse en una responsabilidad compartida. Su jefe, el Sub-Mayor Emilio Fuentes, no solo le brindó apoyo institucional, sino que abrió las puertas de su propia casa para colaborar en la costura de cintas y tafiletes. Allí, entre uniformes y máquinas de coser hogareñas, se gestaba la ergonomía de los primeros prototipos. Cristian no solo enseñaba a saltar; enseñaba que el equipo es una extensión del cuerpo, un concepto que décadas después trasladaría a cada motociclista que elige un NA.
III. La Alquimia Técnica: Del Aire al Asfalto
La transición de los materiales del paracaidismo al motociclismo en la mente de Valls fue un proceso de traducción técnica brillante. En el paracaidismo de finales de los 50, la resistencia mecánica, el peso y la aerodinámica eran los pilares. Cristian tomó la tenacidad de las cintas de suspensión y los sistemas de absorción de los arneses para aplicarlos a la estructura interna del casco.

Hacia 1961/1962, mientras participaba activamente en el tratamiento de las normas IRAM, Cristian ya dominaba la fabricación de los modelos Shorty y Major Avia. La innovación no era solo estética; era funcional. Entendió que un casco de moto debía responder a impactos multidireccionales con la misma fiabilidad con la que un paracaídas responde a la apertura súbita. Esta transferencia de tecnología aeronáutica al uso civil es lo que sitúa a NA en un escalón inalcanzable para los imitadores.
IV. «Life Is Original»: Un Legado contra la Copia
La narrativa de NA es una oda a lo auténtico. La marca promueve la idea de que La Vida es Original, y por lo tanto, la protección que la resguarda debe serlo también. Cristian Valls, a través de sus diferentes compañías y bajo su estricta supervisión, ha mantenido una coherencia que los imitadores jamás podrán alcanzar. Aquellos que intentan emular los diseños de NA carecen de la base técnica aeronáutica y de las 79 años de desarrollo que respaldan cada fibra de un casco original.

Ilustración: de nuestro amigo Juan Ignacio San Martín, desde FADEA
La dedicación de Cristian es «polinizante»: inspira a entender que la verdadera seguridad no se compra en un estante de ofertas, sino que se hereda de décadas de investigación y procesos protegidos legalmente. Mientras otros intentan capitalizar la experiencia ajena, el Laboratorio NA sigue dictando cátedra basada en la realidad del viento y el asfalto.
V. El Compromiso Inquebrantable
Hoy, al mirar un casco NA, no vemos solo un objeto de seguridad. Vemos el bimotor Huanquero trepando hacia el sol de 1957. Vemos las manos de Emilio Fuentes y Cristian cosiendo las primeras cintas en la intimidad de un hogar en 1959. Vemos la responsabilidad de un hombre que ha dedicado su vida a que «el regreso» sea siempre una certeza.
Cristian Valls no solo fabrica cascos; fabrica la confianza de vivir una vida original. Porque, al igual que en aquel salto desde el IA 35, él sabe que lo importante no es solo el viaje, sino contar con el equipo diseñado por quien ha conquistado el vacío.



